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Después de la cesárea

Aún recuerdo con horror el momento en que decidieron practicarme una cesárea de urgencia.

Yo lo tenia todo planeado. Había repasado mentalmente mil veces como sería mi parto.

No tenia nada de miedo, siempre decía que si mi abuela había sido capaz de traer al mundo a catorce hijos sin epidural y en la mayoría de casos incluso sin médicos. Yo podía ser capaz de hacerlo también.
Así que me lo repetía cada día como un mantra. Hasta hubo un tiempo en el que incluso rechazaba la epidural.

Pero cuando vi un artículo sobre que había posibilidad de que si tu madre hubiese tenido un parto por cesárea tu también lo tuvieses me entró la duda (y el miedo).

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Luego pensé que la de mi madre había sido por las vueltas de cordón que llevaba mi hermana no por ella y eso me tranquilizó.

Durante las horas previas al nacimiento de Juan estuve muy tranquila. Incluso me dijeron que demasiado.
Sobrellevaba el dolor muy bien y tenia claro que ese momento lo tenia que disfrutar. Iba a conocer al amor de mi vida.

Justo cuando entraron a comprobar el sufrimiento fetal estaba sola. Mis familiares se habían ido a comer ya que yo estaba dormida y el parto según decían iba para largo.

Entró la comadrona con otras dos mujeres con uniformes diferentes. Y me dijeron que le iban a pinchar la cabeza a mi hijo para comprobar que todo fuese bien.
Yo me quedé en estado de shock solo asentí y escuche como me explicaban que si todo iba bien seguiríamos así y que sino me harían una cesárea de urgencia.

De repente se miraron y dijeron que sería cesárea, en cuestión de segundos me estaban empujando hacia un quirófano y yo solo podía llorar.

Recuerdo que miré al anestesista y le pregunte:
– Esto,  ¿duele?

Todos fueron muy cariñosos conmigo y me calmaron bastante.
Llegó el momento de cortar y yo solo podía hacer como en las películas mirar al foco del techo.
Empecé a notar un dolor horroso y como tiraban de mi piel. Al quejarme la comadrona recordó que después de ponerme la epidural (si, al final me la puse…. Llevaba sin dormir 30 horas y necesitaba descansar) le había dicho que notaba el dolor en una pierna.
Me pusieron más anestesia y me dormí…

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Empecé a escuchar como me decían que mirase a mi hijo que era precioso. Yo abrí los ojos aun medio dormida y lo vi en brazos de una enfermera que me lo acercó y puso su cabeza al lado de la mia. Yo cogí su mano y le dije “Hola mi amor…”
Y la enfermera me dijo que no me preocupase que tenía todos los dedos. Yo me quede alucinada no miraba eso. Solo quería/necesitaba su contacto.

Os juro que a partir de ahí no recuerdo como llegué a otra sala.
Me dijeron que debía estar ahí dos horas.
Fue horroroso. Yo sabía que mi familia no estaba. No sabia con quien estaba mi hijo y yo estaba en una camilla en medio de una sala sola y con ganas de llorar.

Pasaron las dos horas y por fin pude coger a mi pequeño. Darle besos y ponerle al pecho. Tener mi contacto piel con piel o mejor dicho camisón con pijama.

Me costó que me subiera la leche pero.. ¡¡en cuanto llegue a casa subió!! Y ya llevamos dos años de una feliz lactancia.

Me ofrecieron ver su primer baño y yo me levanté e ignoré la silla de ruedas que me habían preparado. Camine todo el pasillo y la enfermera al verme mando al padre a por la silla porque temía que me desmayase. Y no la usé..

Al darme el alta me fui esa misma tarde a caminar con el carrito a darle su primer paseo. No quería perderme más momentos por mi dolor. Según lo que yo pensaba: No ser capaz de parir….
Me tuvieron que venir a buscar porque casi me desmayo.

Y aquí llegó lo peor, cuando fui a las clases con la comadrona solo podía llorar. No me sentía tan madre como las demás. Yo no había sentido a mi hijo salir de mi, no lo había abrazado para calmarlo después del duro rato que había pasado encajado, no sentí su olor, no le cambié su primer pañal…..

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Cuando las demás me explicaban sus experiencias y relataban el primer momento en el que habían visto a sus hijos yo me hacía pequeñita. Me dolía el alma. Me daba vergüenza decir que lo mío había sido cesárea. Sentía que había fallado como mujer.

Con el tiempo esta sensación va desapareciendo y siempre recuerdo las palabras que me dijo Aina, mi comadrona. Cuando le dije que no había podido vivir los primeros momentos con mi hijo. Y ella me dijo que tendría la oportunidad de aprovechar muchos otros momentos y que eso tan solo habían sido unas horas en su vida. Y que razón tenía.

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Con esto no os quiero meter miedo con la cesárea. Quiero reivindicar que los hospitales cambien sus normas y protocolos como ya han hecho algunos y permitan al padre acompañar a su mujer en el parto. Y que después nos dejen hacer el piel con piel y darle el pecho en ese instante a nuestro bebé.

Ojalá algún día con mi próximo hij@ viva otra experiencia.

Zaira

MAMIS 2.0

{Viviendo la maternidad juntas}