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Las mentiras piadosas

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Este post va sobre la costumbre de mentir a los niños, ¿es necesario soltarles alguna mentirijilla para hacerles (o hacernos) la vida más sencilla? Ya sé que los adultos tenemos muy asumido esto de las mentiras, algunos mienten de vez en cuando para quedar bien, algunos mienten más que hablan y otros preferimos callarnos o soltar lo que pensamos. Yo me incluyo en el último grupo, y si lo que pienso no tiene nada que ver con lo que piensa el vecino, puedo acabar resultando o tímida o borde, depende del día. Lo sé y lo tengo asumido y creo que, con el paso de los años, cada vez me importa menos.

Pero, hecha esta pequeña reflexión, ¿Qué pasa con los pequeños? Ellos son puros y no tienen capas, y esta es una de las cosas que más me gusta. Mis hijas me pueden decir o que estoy muy guapa o que siempre voy con los ojos negros (ojeras para entendernos) o que vaya grano tan feo me ha salido. Son totalmente sinceros con nosotros pero nosotros con ellos no siempre. Si, ya sé que pensaréis que este tipo de sinceridad no se la toleramos a un adulto. Vamos, que si viene tu marido y te dice: “cariño, veo que se te ha puesto el culo como una plaza de toros” pues le pegas un sartenazo. Yo, ante esto, prefiero el silencio o una salida elegante.

Muchas veces, estas mentirijillas son para hacernos la vida más fácil, por ejemplo: hace un par de días, señorita me pidió que le comprara un material escolar en la librería, era una cosa pequeña así que le dije que se lo compraría por la mañana. Cuando fui a buscarla  me lo pidió pero yo no había podido ir, al explicarle que me había resultado imposible  y empezar ella a poner cara de pena, una mami quiso echarme una mano y le dijo: “seguro que tu mama ha ido pero ya no quedaban en la tienda”. Así quedó el tema,  ella se conformó enseguida y yo me quedé pensando  si explicarle las cosas con sinceridad era tan buena idea.

Otras veces son para subir la autoestima o dar seguridad. Confieso que este tipo sí que lo he utilizado: cuando señorita empezó P-4 había un niño en el patio que la molestaba, hasta el punto que mi hija no quería salir al recreo porque la criatura la asustaba y tenía miedo. Después de hablar con la profesora, con la madre del niño e incluso con el mismo niño, vi que no había nada que hacer. Con la excusa de que eran críos mi hija tenía que seguir aguantando la situación y todo parecía que estaba bien. Pensé que necesitaba reforzar su seguridad para que hiciera frente a la situación. Le hice una pulsera con “poderes mágicos”, si la llevaba puesta sería valiente y no la podrían molestar ni asustar. Tuvimos mucha suerte porque se la puso convencida y, después de una semana, me dijo que la pulsera funcionaba porque la había dejado de molestar. Por lo visto, ella empezó a no hacer caso del niño y él se cansó de perseguirla. Esa vez funcionó pero podría no haberlo hecho.

Tema aparte son las mentiras relacionadas con la fantasía: el Ratoncito Pérez, Reyes Magos, princesas y príncipes. La verdad es que estas no se las puedo negar. Sé que hay padres que no las utilizan pero en mi casa sí. Los niños son niños y no podría negarles este mundo de ilusión,  prefiero que lo disfruten el tiempo que puedan, ya tendrán años para ser adultos y ver el mundo como nosotros. Por ahora, soy yo la que entro en ese mundo con ellas y disfruto de la fantasía.

¿Qué opináis vosotr@s de las “mentiras piadosas”?

Belén

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¡¡¡ Ya vienen los Reyes Magos !!!

¡¡Que ilusión tan grande!!! Lo recuerdo como algo muy especial. Esa ilusión limpiando las botas más grandes que tenía para que me dejarán dentro las “chuches”. Esos nervios a la hora de ir a ver la cabalgata. Esa sensación de miedo y alegría juntos, que no se puede explicar a la hora de acercarme al árbol para ver que me habían dejado los Reyes Magos en mi casa… Todas esas cosas hacían de la noche de reyes la noche más mágica para mí y para cualquier niño del mundo.

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Ahora todo eso me toca vivirlo con mi “bollito”. Aun es pequeño y no llega a entender bien del todo el concepto de los Reyes y la Navidad. Él sabe que traen “legalos” y poco más. Pero cuando le hablas de los Reyes muestra un interés impresionante.

Anoche preparamos la casa para tal evento. Para ello colocamos los regalos debajo del árbol, como es debido, pusimos muchos globos por toda la casa y como no, no podían faltar sus botitas llenas de caramelos. Esa era unas de las cosas que más me gustaban. Ver tanta chuche junta y poder comer las que quisiera, que para eso era el día de Reyes.

Los niños tienen tanta imaginación que es impresionante vivir cualquier cosa a su lado. Este año ha sido muy emocionante volver a vivir la magia de los Reyes Magos vista desde los ojos y la ilusión de mi niño de dos años.

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Espero que esta ilusión dure mucho, mucho tiempo y podamos compartirlo con él. Para ello su padre y yo nos encargaremos de hacérselo todo lo especial que podamos. Porque los niños son especiales y merecen tener esa alegría y vivir ese momento mágico durante mucho mucho tiempo.

Espero que los Reyes Magos se hayan portado muy, muy bien con todos los niños del mundo.

Un beso,

Rosa.

{ La MAGIA de la NAVIDAD }

Hoy he visto por primera vez a mi pequeña Martina de dos añitos y poco… entusiasmada, emocionada, eufórica… El árbol de Navidad ha aparecido en el salón de casa, y se ha pasado casi 2 horas cambiando los adornos de rama, cantando y sonriendo como nunca…

¡LA NAVIDAD YA HA LLEGADO!

Hoy por primera vez la he visto siendo consciente de lo que nos rodea en estas fechas tan especiales, de la MAGIA de estos días, de lo bonito que es para ellos y cómo les hace volar la imaginación. Y entonces, entonces… Me he teletransportado 25 años atrás, o más…

Mis primeros recuerdos de la Navidad son de cuando vivíamos aun en el piso de Sant Cugat, vivimos allí hasta que yo tuve 5 años, así que mis recuerdos son borrosos… Recuerdo que una noche de Reyes no podía dormir, vi una luz en el pasillo y salí de la habitación. Seguidamente oí ruidos en el salón y fui de puntillas hasta la puerta… La abrí un poquito y vi a los tres Reyes Magos de Oriente zampándose los turrones que habíamos dejado y brindando estaban con las copas de cava… Me hicieron el gesto de que fuera con ellos y tímidamente acepté… Así que me senté en la falda de uno de ellos, comimos galletas, más turrones… y poco a poco no recuerdo nada más… Seguro que fue un sueño. Pero para mi fue real. Aun hoy en día con mis 30 años creo que fue real… jijijijiji… ¡Se que no lo fue, pero lo siento así!

Posteriormente y siendo ya una niña mayorcita, seguí siendo muy ingenua respecto a las Navidades. Mis padres seguían con el rollo, se lo curraban tanto que no querías admitir que no existía ninguno de los personajes navideños… 🙂

Así que con 10-12 años seguíamos esperando con muchísima ilusión estas fechas. Mira que éramos ya mayorcitas, pero nada… En cuanto mi padre nos decía durante la cena de Noche Buena que había oído algo en el jardín… Qué igual Papá Noel había ya pasado… ¡Nos acojonábamos enteritas mi hermana y yo! En ese momento nuestro espíritu navideño se volvía como el de un niño de 5 años, y salíamos de casa bien abrigadas y cagaditas de miedo, agarradas la una de la otra… Hasta que de golpe y porrazo allí, en ese rincón del jardín, dónde yo había ido a buscar leña hacía unos minutos… ¡¡¡Estaba lleno de Regalos!!!

Me cago en… ¡Un año más, lo habían vuelto a hacer! Ni los había visto, y además hacía nada que yo había salido…

La ilusión nos invadía, buaaaaa… ¡Era brutal!

Ahora es mi turno como mamá.  Martina ya cumplió los 2 añitos y este año ya tiene memoria y la capacidad suficiente de hacer volar la imaginación. ¡Así que manos a la obra! No se ni por donde empezar, ¡igual tengo que ir a pedir consejo a mis padres! jejeje

El año pasado montamos juntos el árbol de navidad.

{ Aquí podéis vernos hace un año –> http://www.paulapellicer.com/fotografia/portfolio/christmas-time/ } Éste año lo montamos juntas en casa de mis padres, ya que el nuestro lo tenía en el estudio… Así que hemos decidido plantificarlo en el salón de casa de “estrangis”, como por arte de magia… ¡Y ha funcionado!

Este medio día… Estábamos en la cocina preparando la ensalada y luego las alcachofas para meter en el horno… cuando oía que mi marido iba montando el árbol en el salón… Luego hemos ido preparando la mesa, pero no se ha enterado de nada. Hasta que finalmente nos sentamos a comer y… ¡¿MAMA QUÈ ÉS AIXÒ?! (¡Mamá qué es esto!) Estaba Martina boquiabierta, mirando el árbol, las luces que se encendían y apagaban… Ha salido corriendo hacia él… ¡Y ha empezado a cambiar los adornos de rama! Y yo… “Pero buenoooo… ¡Ha aparecido por arte de magia!, ¡Qué bonito!, ¡Nuestro árbol de Navidad!”

Y ella ha seguido allí, hablando como una cotorra con un calcetín en la boca… Riéndose y chillando de emoción… ¡Mami ayúdame a poner el calcetín aquí, a cambiar las bolas de sitio, a subir el Papá Noel…! Y nada, allí estábamos los tres celebrando la llegada de la Navidad. La verdad es que me he sentido feliz, muy feliz, al verla reaccionar de ésta manera, al ver que es una bebé-niña (como la llamo yo… me cuesta aceptar que se me va el bebé… jejeje), que intuye algo grande, que poco a poco con el tiempo construiremos nuestras navidades y nuestros recuerdos junto a ella… ¡Y junto al/la que llegará en abril!

Mis niñ@s… ¡Lo que sea por ell@s!

Vamos a dejarnos llevar por estos días tan maravillosos del año, vamos a ser niños de nuevo…

¡FELICES FIESTAS!

Paula