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Mujeres y madres

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Cuando una pareja decide tener un hijo, en la mayoría de los casos, es de forma libre y madura. Movidos por el amor que hay entre ellos dos y por el deseo de compartirlo con otra personita. Compartir, madurar y crecer junto a otra persona, dando y recibiendo amor. Al nacer nuestro bebé las cosas no son tan sencillas como esperábamos, en nuestra mente anidan una serie de creencias, prejuicios y exigencias. Buscamos ser las mejores madres para esa personita, madres las 24 horas del día para cubrir todas las necesidades que pensamos que tienen.

En este camino nos olvidamos de nosotras mismas, de querernos y mimarnos; pensando que  hacemos lo correcto. Olvidando, en muchas ocasiones, la mujer que somos. Salimos a tomar un café con las amigas, nos decidimos a compartir un fin de semana con nuestra pareja o nos dedicamos a nuestra profesión y nos pasamos el rato pensando que somos las peores madres del mundo,  justificando nuestra decisión delante de personas ajenas a nosotras. Sin darnos la posibilidad de disfrutar sin remordimientos. Las pocas madres que se atreven a hacerlo son, muchas veces, criticadas y juzgadas.

Al escribir estas palabras sólo quiero recordarnos, a todas las mamis, lo que nos llevó a iniciar el camino de la maternidad: El AMOR, puro e incondicional, hacia otra persona pero también hacia nosotras.   beach-731137_640 Vivir, amar y disfrutar de la vida, de nuestros hijos, parejas, amistades, de nosotras mismas, sin remordimientos, viviendo el momento presente, disfrutando de cada segundo. No tengamos miedo ni vergüenza de pedir ayuda cuando la necesitamos, ni de tomarnos un respiro, de reír o llorar si nos viene en gana. No somos máquinas, somos mujeres y así ya somos perfectas, para nuestros hijos y para nosotras,  con nuestros días buenos y nuestros días malos. Aceptémonos tal y como somos y podremos aceptar y amar a nuestros hijos tal y como son. Sin querer cambiarlos, porque ellos también son perfectos. Sólo amando y acompañando en el día a día.

Belén

Lo que mis hijas me enseñan

family-440607_640Antes de ser madre una piensa en todas las cosas que le gustaría enseñarle a sus hij@s, pero no te paras a pensar, en todo lo que ell@s te enseñarán. A día de hoy, cuando miro a mis hijas, me gusta pensar que tanto ellas como yo estamos aprendiendo, porque la maternidad y el crecimiento personal es un camino de por vida. Con esto, no quiero decir que tengas que ser madre o padre para aprender y crecer. Por suerte tenemos muchos caminos para escoger y cada uno de ellos es totalmente válido.

Algunas de las cosas que yo aprendo día a día de mis hijas son:

1. A tener paciencia. Siempre había pensado que la paciencia no era mi mayor virtud precisamente, y ahora mi lema es: Paciencia y más paciencia… y, si se acaba la buscas. Doy fe que esto lo practico toooodos los días.

2. A trabajar la empatía. Cuando se enfadan o tienen un mal día siempre intento ponerme en su lugar. La vida de l@s niñ@s tampoco es tan sencilla, tienen problemas igual que nosotros y también malos días. No quiere decir que siempre lo consiga…. pero lo intento.

3. A volver a jugar. Tengo la escusa perfecta para volver a columpiarme, jugar con la arena en el parque o ir saltando por la calle. Y aunque pueda parecer raro ver a una adulta saltar por la calle lo hago. Cuando me veo muy apurada les digo: “Es que esto me da un poquito de vergüenza” y señorita siempre me dice: “Mamá, no tengas vergüenza, no sirve para nada” y allí que sigo yo saltando.

4. A escuchar. Con ellas no vale eso de: “Si, si cariño, te estoy escuchando” Me miran fijamente a los ojos y me dicen: “Mamá, si me estás escuchando mírame” Así que, o bien dejo lo que esté haciendo y escucho, o les pido que me dejen acabar lo que estoy haciendo y en cinco minutos estoy por ellas. Una cosa u otra, por amor hacia ellas y por supervivencia. Si no lo hago empieza una batalla campal en el comedor hasta que voy.

5. A gestionar conflictos. Uno de los consejos que me ha dado señorita ha sido sobre esto: “Mamá, cuando estás enfadada y hay un conflicto, nos tenemos que sentar, hablarlo y llegar a un acuerdo” Aquel día me quedé de piedra.

6. A sorprenderme de las pequeñas cosas como si fuera la primera vez que las vivo. Ver una hormiga llevando un trozo de pan o hacer burbujas con el gel de baño son actividades de lo más emocionantes cuando tienen dos niñas que están descubriendo el mundo.

7. A vivir el momento. Porque ell@s no entienden del futuro y el pasado es tan reciente que casi no existe, así que lo único importante es vivir el presente y disfrutar lo que están haciendo en ese momento como si les fuera la vida en ello.

De todas estas cosas aprendo yo cada día y siempre dispuesta a que me sorprendan con una enseñanza nueva. ¿Qué opináis vosotr@s?

Belén

Las mentiras piadosas

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Este post va sobre la costumbre de mentir a los niños, ¿es necesario soltarles alguna mentirijilla para hacerles (o hacernos) la vida más sencilla? Ya sé que los adultos tenemos muy asumido esto de las mentiras, algunos mienten de vez en cuando para quedar bien, algunos mienten más que hablan y otros preferimos callarnos o soltar lo que pensamos. Yo me incluyo en el último grupo, y si lo que pienso no tiene nada que ver con lo que piensa el vecino, puedo acabar resultando o tímida o borde, depende del día. Lo sé y lo tengo asumido y creo que, con el paso de los años, cada vez me importa menos.

Pero, hecha esta pequeña reflexión, ¿Qué pasa con los pequeños? Ellos son puros y no tienen capas, y esta es una de las cosas que más me gusta. Mis hijas me pueden decir o que estoy muy guapa o que siempre voy con los ojos negros (ojeras para entendernos) o que vaya grano tan feo me ha salido. Son totalmente sinceros con nosotros pero nosotros con ellos no siempre. Si, ya sé que pensaréis que este tipo de sinceridad no se la toleramos a un adulto. Vamos, que si viene tu marido y te dice: “cariño, veo que se te ha puesto el culo como una plaza de toros” pues le pegas un sartenazo. Yo, ante esto, prefiero el silencio o una salida elegante.

Muchas veces, estas mentirijillas son para hacernos la vida más fácil, por ejemplo: hace un par de días, señorita me pidió que le comprara un material escolar en la librería, era una cosa pequeña así que le dije que se lo compraría por la mañana. Cuando fui a buscarla  me lo pidió pero yo no había podido ir, al explicarle que me había resultado imposible  y empezar ella a poner cara de pena, una mami quiso echarme una mano y le dijo: “seguro que tu mama ha ido pero ya no quedaban en la tienda”. Así quedó el tema,  ella se conformó enseguida y yo me quedé pensando  si explicarle las cosas con sinceridad era tan buena idea.

Otras veces son para subir la autoestima o dar seguridad. Confieso que este tipo sí que lo he utilizado: cuando señorita empezó P-4 había un niño en el patio que la molestaba, hasta el punto que mi hija no quería salir al recreo porque la criatura la asustaba y tenía miedo. Después de hablar con la profesora, con la madre del niño e incluso con el mismo niño, vi que no había nada que hacer. Con la excusa de que eran críos mi hija tenía que seguir aguantando la situación y todo parecía que estaba bien. Pensé que necesitaba reforzar su seguridad para que hiciera frente a la situación. Le hice una pulsera con “poderes mágicos”, si la llevaba puesta sería valiente y no la podrían molestar ni asustar. Tuvimos mucha suerte porque se la puso convencida y, después de una semana, me dijo que la pulsera funcionaba porque la había dejado de molestar. Por lo visto, ella empezó a no hacer caso del niño y él se cansó de perseguirla. Esa vez funcionó pero podría no haberlo hecho.

Tema aparte son las mentiras relacionadas con la fantasía: el Ratoncito Pérez, Reyes Magos, princesas y príncipes. La verdad es que estas no se las puedo negar. Sé que hay padres que no las utilizan pero en mi casa sí. Los niños son niños y no podría negarles este mundo de ilusión,  prefiero que lo disfruten el tiempo que puedan, ya tendrán años para ser adultos y ver el mundo como nosotros. Por ahora, soy yo la que entro en ese mundo con ellas y disfruto de la fantasía.

¿Qué opináis vosotr@s de las “mentiras piadosas”?

Belén

La libreta

Uno de los buenos propósitos que he hecho para el año nuevo es prescindir de mi “libretaapuntatodo”. Os preguntaréis ¿qué es una “libreaapuntatodo”? pues es un cuaderno mental en el que nos apuntamos las cosas que no nos gustan: miedos, envidias, reproches, rencores,… Esas cosas feas que vamos tragando y que nos ponen cara de haba y humor de perros.

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Resulta que el otro día me di cuenta que la dichosa libreta se empieza a escribir en la infancia. Todo empezó cuando fui a buscar a señorita al cole.

-Mamá, Berta dice que nunca más será mi amiga – me dijo con cara  preocupada.
-No te preocupes- contesté- seguro que mañana se le habrá pasado y volveréis a ser amigas.
-No mamá, no se le olvida, tiene una libreta dónde lo apunta todo.

La libreta que mencionaba mi hija era física pero en realidad pensé que no iba tan desencaminada. Así que señorita , con cinco años, ya sabía de la existencia de la libreta e incluso había escrito también, al igual que sus amigas, alguna página. También observé que en este tema, como en muchos otros, niñas y niños eran diferentes. Los niños solucionan sus diferencias con alguna torta, insulto o pelea y después tan amigos. En cambio, las niñas son más de apuntarse las cosas y retenerlas más tiempo.

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En aquel momento intenté explicarle a mi hija que no merece la pena apuntarse las cosas, que sólo se acumulan rencores, que siempre es mejor hablar y que si aún así, sigue sin funcionar, quizás no eran tan amigas. Ella me miraba con sus grandes ojos mientras escuchaba mi charla y siguió en silencio el resto del camino.
Creo que ha tardado poco en olvidarlo porque volvemos a estar con la “libreta” y “ya no es mi amiga”, no la culpo puesto que los mayores hacemos lo mismo y no escarmentamos. Así que he decidido predicar con el ejemplo y tirar mi libreta con el nuevo año, sólo quiero guardar la que utilizo para escribir mis historias y la lista de la compra.
¿Qué buen propósito os habéis hecho vosotr@s?

 

Belén

{ Rabietas infantiles }

 

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Cuando señorita hizo dos años yo estaba esperando que comenzaran  las rabietas infantiles, tenía varias amigas con hijos mayores y ya habían pasado por eso, ellas me comentaban : “¡¡Uff, espera que haga los dos años y ya verás!! Se ponen insoportables.” Entre eso y que yo había leído varias cosas sobre el tema, la verdad es que tenía el miedo metido en el cuerpo. Pasaron los dos años y parecía que mi niña seguía igual, así que pensé que lo habíamos superado sin casi esfuerzo pero lo bueno empezó a los tres años.
La madurez no llega en el mismo momento para todos los niños y esa etapa hay que pasarla y entenderla, es necesaria porque necesitan ir formando su propia personalidad. Es el modo que tienen de decir que no y de fortalecer su individualidad, a esta edad ya entienden que son seres diferenciados de sus padres.
Señorita no hacía grandes pataletas ni rabietas que explotasen de golpe y acabasen de golpe, ella era más bien de empezar un quejido que no tenía fin y se alargaba y alargaba…. Y no sabías que hacer ni dónde meterte. Yo le preguntaba para intentar comprender su llanto pero ni hablarme podía la pobre, casi se enfadaba más y supongo que debía de pensar que no la entendía ni la madre que la había parido… Así que más se frustraba. Y ahí estaba su desesperación y la mía porque a esto de ser madre nadie te enseña y vas aprendiendo a fuerza de equivocarte.

Con el tiempo vi que cuando los horarios se relajaban era peor, bien porque tenía más hambre o porque estaba más cansada, lo mejor era no llevarla al límite y respetar sus horarios.

Si había algo que no ibas a dejarle hacer mejor no ponérselo delante de la cara, por ejemplo, si ese día no podíamos ir al parque intentar evitar pasar por delante.

Tomar aire e intentar tranquilizarme yo, si ella me veía muy nerviosa la cosa iba de mal en peor.

Paciencia, paciencia y más paciencia, esto de la paciencia lo practico mucho desde que soy mami. Hay que entender que es una etapa pasajera y que a todos los niños les llega y les pasa. Como decía mi abuela: “No hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante”.

Comprensión y respeto, ellos lo pasan mal porque no saben cómo finalizar ese mal rato y ese sentimiento de impotencia y frustración les desborda. Nosotros somos los adultos y debemos actuar con la madurez necesaria, sin ridiculizarlos, asustarlos o compararlos.
Poco a poco ellos van aprendiendo y van madurando, y es que esto de la inteligencia emocional no es tarea sencilla. Por suerte, hoy en día, se valoran los sentimientos y las emociones e intentamos reconocerlas y entenderlas, no es tarea fácil porque nuestra educación fue diferente pero el resultado merece la pena. Nuestros hijos se merecen que les escuchemos, les entendamos y les demos amor y compresión para que crezcan felices y con una buena autoestima.11

Con peque aún no hemos empezado esa etapa pero todo se andará, espero que esta vez me pille mejor preparada.
Belén