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La depresión postparto.

Creo que nunca os he contado mi experiencia en el postparto y hoy puede ser un buen momento para recordar esos meses en los que una parte de mi estaba triste por no sentirme pletórica. Muchas mujeres la sufren debido a esa montaña rusa de hormonas y emociones que nos llevan de la alegría máxima a la tristeza profunda. Parece contradictorio pero son estados de ánimo que una mujer en el postparto no puede evitar.

Me dolía encontrarme triste cuando tenia todo lo que siempre había querido, tenia en brazos a mi bebé y debía ser la mujer mas feliz del mundo y no lo era. Estaba triste sin saber porqué, culpándome por no ser tan feliz como había imaginado. Todo el parto había ido bien y la lactancia materna tenía éxito…no tenia motivos para sentirme llorosa y en cambio lloraba por los rincones. Recuerdos esos días como tiempo perdido que no disfruté al máximo con mi pequeño pero se que fue inevitable.

A la inseguridad de ser primeriza, las hormonas en ebullición, el cambio en tu rutina… se añade la falta de sueño y entre todo crean un cóctel molotov. ¡Cuánto sufrí pensando que no quería lo suficiente a mi hijo! Y ahora me doy cuenta de que no es un problema de amor hacía tu hijo, para nada, es un problema químico en tu cuerpo.

¿Qué me ayudó a superarlo? Acudir al grupo de masajes de bebé que hacía mi matrona y sin duda, mis Mamis 2.0 ❤ Ellas siempre han estado ahí, a un clic de mi móvil para cualquier duda, compartiendo conmigo mis sinsabores y sus sinsabores. Esto me ayudó a ver otras maternidades sintiéndome acompañada, no juzgada, comprendida y además viendo que todas las mamás somos iguales.

Esto de compartir experiencias es más útil de lo que en ocasiones pensamos ya que te hace ver tus emociones, sentimientos y problemas desde otra perspectiva, ayudando de esa forma a nuestro cerebro a superar cualquier cosa, a motivarnos a avanzar y seguir.

Si estás en esta situación que describo, estas son mis recomendaciones:

  • Busca la ayuda de tu matrona.
  • Relacionate con otras mamás y grupos de lactancia o similares.
  • Sal a la calle tanto como puedas a pasear con tu bebé.
  • Habla de lo que te pasa con otros y exterioriza tus emociones.
  • No te agobies por las cosas sin hacer y descansa tanto como puedas.
  • Pide ayuda a tu pareja o familiares  si es que la necesitas.
  • Y nunca olvides que ese bache pasará y disfrutarás de la maternidad.

Una vez pasa ese aluvión de hormonas y ya estas adaptada a la situación, conoces a tu bebé y sabes que es lo que le gusta para dormir y con qué se relaja… todo va sobre ruedas. Tienes ganas de comerte el mundo y disfrutas de la maternidad, hasta de las noches en vela!!! Esta es sólo mi experiencia pero he pensado en compartirla por si sirve de ayuda a otras madres que puedan estar pasando por algo similar.

Bea

Mamis 2.0

 

Si volvieras a nacer hijo mio…

El otro día leí que había que tener más de un hijo para subsanar los errores que cometiste con el primero como mamá primeriza y dándole muchas vueltas, creo que tiene mucha razón.

Si volvieras a nacer hijo mio haría las cosas de otra manera.

Con cero en experiencia maternal te dejas llevar por lo que te dicen, por los mitos de la crianza y la novedad de la situación que te dejan en  muchas ocasiones sin saber que hacer realmente.

Lo primero que haría sería relajarme. Sí, leéis bien, relajarme, dejar que todo fluyera por ese instinto que tenemos. Dejaría de preocuparme para disfrutar de cada segundo porque no lo hice. Entre mi depresión postparto (algo horrible, ese sentimiento de tristeza a pesar de tener lo que más anhelabas en el mundo) y el miedo a hacerlo mal no aproveche esos días dorados a pesar de estar con él día y noche.

Me martiricé con eso de…si lo coges mucho lo malacostumbras… pues no lo cogí en brazos tanto como deseaba, tanto como él necesitaba pues nunca le gusto estar solito en su minicuna. Deseaba que estuviera mucho en su cuna creyendo que eso era lo mejor. Ahora se que los bebés necesitan ese contacto y no lloran por fastidiar.

Compraría una buena mochila, una de esas que aunque el niño sea grande no resulta pesado llevarlo, porque nunca le gusto demasiado el carro y se cansaba rápidamente. Esto me condicionaba y muchas veces no disfruté de ese paseo ni hice todo lo que me hubiera gustado.

Sería menos rígida con los horarios y más natural porque cada bebé y cada familia tiene un ritmo. Porque las cosas no son blancas o negras y la flexibilidad con los hijos es importantísima. Me agobiaría menos cuando un día no quiera comer porque tampoco nosotros tenemos el mismo hambre todos los días. Y la famosa hoja del pediatra… no la llevaría a raja tabla, te dejaría experimentar mas con los alimentos porque no te deje probar cuando tu querías y ahora que puedes ya no quieres.

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Practicaría más colecho y no me preocuparía de porqué mi bebé no duerme bien. Esas noches en vela en las cuales la mejor solución era dormir juntos y descansar ambos, y en vez de eso, sufría mi falta de horas de sueño que agreaban mi carácter y empeoraban mi depresión postparto. Porque seguro que cuando tenga 18 años no quiere dormir conmigo. El tiempo pasa muy rápido y él crece muy deprisa y me he dado cuenta que lo importante es disfrutar el hoy y dejar los pensamientos del mañana porque… ¿Para que “pre” ocuparte por algo que no sabes si pasará?

Pero como volver atrás en el tiempo es imposible, quiero volver a ser madre sabiendo todo lo que se ahora. Seré la misma mamá pero con menos prejucios y miedos.

Bea

Mamis 2.0

Los opinólogos que saldrán como setas… ¡Y sus frases para olvidar!

Cuando una mujer acaba de tener un bebé, surgen a su alrededor un montón de expertos y expertas que en seguida se prestarán a dar sus infalibles consejos. Son lo que yo llamo opinólogos. Por supuesto cada uno te dirá que tiene la razón y que su método es el  mejor de todos.

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Es triste que muchas mujeres, aún habiendo pasado por ser madres primerizas y sabiendo lo confundidas y perdidas que se sienten las nuevas mamás, corramos a llenarla de consejos que no nos ha pedido y que en la mayoría de las veces solo sirven para confundirla o, peor aún, para hacerle sentir mal.

Os dejo alguna de las frases que os dirán y que directamente deberéis ignorar. Aunque ya os digo, que el repertorio es infinito y desgraciadamente, cuando creías que ya lo habías oído todo, ¡Zas!, aparece un experto con una ocurrencia nueva…

Frase nº1. Tu leche no sirve. Este niño se queda con hambre.

Cuando tuve a mi primera hija, me duró la lactancia apenas un mes y medio. Era muy joven y tenía mucha leche, muchísima, pero por alguna razón todos los que estaban a mi alrededor, pediatra incluído, me repetían que mi leche era desnatada. Vamos, que no valía.

Muchos años después, con mi segundo hijo, pude darle el pecho durante nueve meses y medio. Os digo que mi hijo era un lechón, comía cada dos/tres horas y estaba en el percentil 95. Pero, ¿no habíamos quedado que mi leche no valía? ¿Ahora resulta que mi leche pasó de desnatada a supervitaminada?

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Tras demostrar al mundo que mi leche valía, llega la clásica frase de: este niño se queda con hambre. Algunos piensan que los niños solo lloran por hambre. Afortunadamente cada ser humano tiene una personalidad propia. Hay adultos que odian la verdura, otros no quieren ni probar el pescado, unos comen como limas y otros como pajaritos. ¿Y los niños?, pues igual, cada uno tiene su personalidad y come de forma distinta.

Que tu vecina del quinto le de al niño de merendar un plátano, tres galletas y una manzana, no significa que tu hijo tenga que comer igual.

Frase nº2. Si lo coges en brazos lo malcrías. Si lo metes en la cama lo acostumbras.

Aquí me entran las dudas de si algunas personas piensan que un bebé es como un Nenuco, que lo tienes en la cuna tumbado y ni se mueve, ni llora, ni nos necesita. Si no coges en brazos a tu hijo cuando es un bebé indefenso y que te necesita más que el aire que respira, entonces, ¿Cuándo sea mayor tampoco le darás tu apoyo o no le ayudarás cuando tenga un problema?

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Algunos bebés necesitan más estar cerca de su madre, otros son más independientes y pueden estar a gusto estando en sus cunas.  Volvemos a que cada niño tiene una personalidad distinta. Que tu hijo sienta que cuando te necesita le respondes ¿Es malcriarlo? ¿Te imaginas que llamas a tu madre porque te ha ocurrido algo y quieres contárselo y tu madre te dice que te aguantes que se va de compras?

Yo no soy adivina, ni tengo una bola de cristal, pero os aseguro que mi hija con 19 años no me pide que la coja en brazos,  ni viene a mi cama a dormir. No conozco ningún niño que no haya vivido sus etapas y se haya vuelto independiente de sus padres.  Lo que si sé, es que si yo le enseño a mi hijo a que sus padres lo consuelan cuando lo necesite, aprende a ser un niño independiente y feliz, porque sabe que su familia estará ahí cuando la necesite.

Frase nº3. Este niño tiene frío.

Mi hijo pequeño nació en Enero, pero es igual que su padre, muy pero que muy caluroso. En invierno mientras yo estoy con un jersey de cuello alto, mi marido apenas lleva una camiseta fina y mi hija mayor en cambio duerme con dos plumones.  ¡Anda, pero si otra vez somos seres humanos totalmente distintos!

Es muy probable, que si tu hijo sea caluroso como el mío, alguien se asome al carro, lo mire y te diga. Abrígale, que este niño tiene frío. Que no señora, que no, que el niño es vasco.  Y casi tienes que pedir perdón por estar en la sala de espera del pediatra rodeada de niños con gorros, bufandas, guantes y sacos, mientras el tuyo apenas lleva una camiseta…

Frase nº4. Mi niño hace, mi niño dice…

Algunas madres tienen alma de contable, y se pasan la vida comparando datos. Se acercan sigilosamente en el parque, miran de reojo a tu hijo y en seguida te sueltan, mi niño pesa, mi niño mide,  mi niño tiene ya todos lo dientes, mi niño ya come solo, anda, usa el orinal y un largo etc.  Vamos, algunos niños sólo les falta haber empezado una carrera en la universidad.

Preguntan y preguntan hasta que encuentran algo en lo que sus hijos son mejores, entonces es cuando vienen los consejos y el explicarte detalladamente lo mal que lo estás haciendo…

En fin queridas mamás, siempre se ha dicho que  el peor enemigo de una mujer, es sin duda otra mujer. En este caso, tendemos a juzgarnos entre nosotras, nos machacamos, nos criticamos y defendemos como verdades verdaderas nuestras propias experiencias. Que algo sea bueno  para mi, para mi familia, no significa que sea lo mejor.

Por eso hay que resistir la tentación de sacar la opinóloga que llevamos dentro cuando alguien cercano a nosotras acaba de tener un bebé. Yo prefiero esperar a que me pregunte, que sea la nueva mamá la que me pida opinión. ¿Puedo ayudarla a resolver su duda, estoy suficientemente informada? Entonces perfecto, puedo decirle, mira esto es lo que yo hago.

Si algo he aprendido en todos estos años es que las verdades absolutas no existen, lo que hoy me vale mañana ya no me sirve. Lo mejor que podemos ofrecer a una mamá es respeto, apoyo y comprensión,  mucha comprensión. Eso, sin duda, es el mejor regalo que podemos hacer a los nuevos padres.

María.