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El parto que me hizo curar las viejas heridas

Al final se cumplieron mis temores, volvía a encontrarme de nuevo pasada de cuentas y sin signos evidentes de parto. Iba a tener que enfrentarme de nuevo a un parto inducido. Pero como no hay dos partos iguales, este fue totalmente diferente del primero.

Domingo 2 de junio, 9:00 Ingreso en el hospital y me colocan el proper de prostaglandinas. En mi otro parto con esto me sobró para romper aguas y ponerme de parto con cero dilatación pero esta vez, estuve todo el domingo con contracciones moderadas pero no rítmicas que no consiguieron nada más que dilatar dos cm. Ante este frustrante panorama, decidieron a las siete de la tarde quitarme el proper para que pudiera descansar esa noche para a primera hora del lunes empezar con la oxitocina.

Esa noche sería la última. Dejaria mi barriga de embarazada y conocería a la otra razón de mi vida. Tenia miedo a lo desconocido, a ese gotero de oxitocina que decían más doloroso que las contracciones naturales de parto.

Con estos sentimientos, bien temprano me desperté y me preparé para el nuevo día. A las ocho y media, sin haber podido desayunar siquiera, se me llevaron a la sala de dilatación. Allí las contundentes palabras del comadrón me llenaron de ilusión: de aquí no sales sin tu bebé 😍. Si todo va bien no te vamos a llevar a paritorio ni nada.

Y así fue. Me pusieron el gotero de oxitocina y me rompieron la bolsa. Sabiendo lo que sabía y con la experiencia de mi parto anterior, no quería pasar las contracciones tumbada en la cama, así que pedí una pelota de pilates y con ella empecé a sentir las primeras contracciones.

Pase las primeras horas de dilatación con la pelota y dando pequeños paseos alrededor de la cama hasta que las contracciones se me hicieron insoportables. Tenia calambres en la pierna izquierda que estando de pie me dejaban paralizada.

Me hubiera gustado dar a luz sin epidural, como nuestras madres, como muchas mujeres valientes que conozco a las que admiro por este hecho. Pero yo conociendo mi límite, pedí la epidural, estaba ya agotadisima y me parecía imposible aguantar más.

Después de ponerme la epidural seguía notando las contracciones, una gran presión, pero ya de forma soportable. En ese momento vino el comadrón a revisarme. Ya estaba de 6cm!!!! Y tan solo eran las 12:30 de la mañana!!! Eso sí, imaginaros cuántas contracciones y su intensidad que la enfermera entró para bajarme el gotero.

Optimista que estaba, llamé por teléfono a mi madre para decirle que por la tarde viniera con Lucas porque Julen ya habría nacido. Y así fue. A la 13:30 avisé al comadrón de que tenía muchas ganas de empujar. Me hizo un tacto y sus palabras me hicieron reír de alegría: ya estás preparada, preparo todo y a empujar.

Todo fue más rápido de lo que había imaginado, dilaté en cinco horas y a las 13:46 Julen dijo hola al mundo. Noté como salía, su cabeza, sus piernas…hicimos el piel con piel algo que no pude hacer en mi primer parto, me enseñaron la placenta y fue el parto activo más bonito que jamás imaginé. Un parto fuera de paritorios, en una habitación de dilatación, un parto sin instrumentalizar, un parto que me ha hecho resarcirme de todo lo mal que lo pasé en el anterior a pesar de tener puntos por un desgarro grado dos. Un parto que curó viejas heridas.

Ahora empieza otro capítulo de mi vida, la bimaternidad. Ya os iré contando!!!

Y mil gracias a Javier! Ese matrón del Hospital de Manises que hizo que tuviera un parto bonito.

Bea

Mamis 2.0

A punto de caramelo

39 semanas

Y qué nervios!!!! Cuántos sentimientos encontrados!!! Después de nueve meses estoy a punto de tener a mi niño en brazos!!!

Estos últimos tres meses han sido los mejores del embarazo a pesar de las dimensiones de mi barriga, eso si, no me he librado de ciertos inconvenientes propios de mi estado como los ardores u hongos vaginales. Para los ardores os recomiendo tomar infusiones de jengibre, mano de santo! Y los hongos… la matrona me recetó un óvulo y una crema que me fue muy bien. Para cualquier duda, vuestra matrona es vuestra mano derecha.

En este último trimestre no puede faltar una sesión de fotos, porque no hay nada más bonito que la barriga de una embarazada. Nosotros la hicimos low cost, en casa y con los medios que teníamos porque queríamos unas fotos divertidas y diferentes. Somos muy tímidos para hacer el tonto con un fotógrafo así que tiramos mano de un trípode y el disparo automático.

Aquí tenéis una muestra. Y no os lo había desvelado todavía pero como veis se llamará Julen 👶🏼. El nombre costó decidirlo 🤣 no nos poníamos de acuerdo mi marido y yo. Al final le dejé ganar jajajajaja. Era lo justo, yo elegí el de Lucas.

Es difícil describir todos los sentimientos que se me agolpan llegado este punto, desde las lágrimas hasta la más pura felicidad, de la incertidumbre a la seguridad. Me agobia tener un parto inducido como me ocurrió con mi primer hijo (puedes leerlo aquí). Quiero ponerme de parto, quiero saber que es tener contracciones naturales, espaciadas, seguidas, fuertes o débiles. Quiero un parto por sorpresa. Sé que ahí dentro no se va a quedar, sé que por mucho que tarde, si no quiere salir antes de las 42 semanas, me lo provocarán. Pero ese no es mi parto soñado.

Seguro que alguna se le pasa por la cabeza todas esas historias que andan por la red sobre métodos para ponerse de parto. Haz el amor, baila, anda, sube muchas escaleras… A muchas mujeres les funcionará, no lo dudo, pero a mi nada me funcionó con Lucas y de momento tampoco con este segundo embarazo.

Cuando estoy optimista, pienso en que no me queda nada para verlo y me lleno de energía. Siento una contracción… Otra… Visualizo el momento e imagino que ha llegado la hora, pero entonces, todo se para y pasan los días.

Nunca se sabe, pero en principio no está en nuestros planes tener más hijos y será mi último embarazo. Pensar que no voy a volver a sentir vida dentro de mi me llena de tristeza. Que contradicción!!! Querer verle la cara y a la vez desear que esto no acabe nunca.

Ya veis, vivo en un vaivén de emociones, una montaña rusa. Será que estoy a punto de caramelo?

Bea

Mamis 2.0

{ Vanessa } ··· Parto Vaginal después de Cesárea = PVDC

Tal y como os prometí:

¡Hoy el parto de Gerard!

El parto de Gerard fue muy diferente, justo 4 años y 5 días después de que naciera Pol, su hermano venía al mundo. La madrugada de antes, una amiga que estaba embarazada de las mismas semanas que yo, nos avisaba que su peque ya estaba aquí, ¡qué nervios! Su bebé ya había nacido, y el mío ¡¡¡estaba a punto!!! Era 23 de octubre, y mi FPP era el día 24… Esa noche ya me costó conciliar el sueño, y a la mañana siguiente ya me desperté con mareo y leve dolor de ovarios que hacía presagiar que mi bebé se estaba preparando… Hice mi vida normal, hasta que sobre las 11h de la mañana el ‘dolorcillo’ dejó de serlo para pasar a ser dolorrrrrrrr… Llamé a mi marido, quizás no era nada, pero prefería ir al hospital a que me mirasen. Pasé 3 horas en monitores, hasta que sobre las 15h vino el comadrón y la ginecóloga de guardia a decirme que me mandaban para casa, según ellos, había contracciones, pero no eran de parto, Ves a casa, báñate con agua caliente, y camina mucho. Cuando sean de parto, lo notarás porqué no podrás ni caminar’. Así que nos fuimos. Saliendo, en el mismo pasillo del hospital, tuve contracciones que no me dejaban caminar, pero no volví por vergüenza… Volvimos a casa, aguanté todo lo que pude en un baño de agua caliente, y otra vez para el hospital. Me volvieron a poner monitores y hacer tactos. ‘Esta vez sí te quedas’, me dijo Diego, el mismo matrón que antes. ¡¡Qué bién!! La hora estaba cerca, ¡¡¡y además me había tocado un comadrón súper-majo!!! Ya lo conocía de cuando el ingreso por preeclampsia en el embarazo de Pol, me caía muy bien, y además me libraba de ‘la loca de la aguja de punto’… Pero mi alegría duró poco, al poco rato, Diego vino a decirme que del box de urgencias me pasaba a una sala de dilatación, y que su turno se acababa y venía su compañera a sustituirlo. Adivinad quién era: ‘la loca de las agujas!!!!’ Me iba a dar algo, no podía ser, otra vez… ¡¡¡¡QUÉ MALA SUERTE!!!!

Pasar otra vez por la misma experiencia: ‘cariño, tranquila, no te voy a hacer nada, sólo voy a meterte esta aguja de hacer punto hasta la cuenca de los ojos, pero, cariño, estate tranquila que como verás borroso, ¡¡no te podrás acordar de mi cara para maldecirme por el resto de tus días!!’

Menos mal que  no fue como me imaginaba, nada más entrar me dijo algo que hizo que mi percepción de ella cambiara totalmente, me dijo que había visto en mi historial que mi primer parto había sido por cesárea, me preguntó si querría intentar un parto vaginal, a lo que le dijé que síííííííííííííííííííííí, que era mi ilusión, pero no sabía si podría, a lo que me contestó: ‘esta vez sí que lo vas a conseguir’. En ese momento pasó de ser una persona a la que olvidar a una persona que jamás olvidaré. Era la primera persona que me había dicho con total seguridad que lo podía hacer, creía en mí… Fue un subidón total, nunca lo olvidaré…

Me comentó que enseguida me ponían la epidural, en cuanto el anestesista saliera de una cesárea. Ese rato se me hizo eterno, las contracciones eran inaguantables, sentía que me partía en dos… A cada  momento mandaba a mi marido en busca y captura del anestesista. ‘Que quieres que entre a quirófano a buscarlo?’ me decía el pobre. Y yo con cara de loca le decía que sí, que claro… Entonces salía e iba a decirle a la comadrona que su mujer no aguantaba más… En una de esas volvió acompañado de la comadrona, y ésta, de su imperdible y su ‘aguja de punto’, OHHHHH NOOOOOO!!!!!

Le rogué que esperase a romperme la bolsa hasta que me pusieran la epidural, sólo me faltaba eso con los dolores que estaba teniendo… Me dijo que iba a mirar y ya veríamos, exploró, y me explicó que la bolsa ya estaba rota previamente (cosa que dudo, porque en ningún momento noté ninguna pérdida ‘anormal’ de líquido), y lo peor, que eran aguas sucias… Eso sí que era cierto, me las mostró y eran muy verdes… Me asusté, pero me dijo que no pasaba nada, únicamente habría que monitorizar más al bebé…

Al poco rato vino el anestesista, sólo le faltó aparecer como en las películas: con un rayo de luz iluminándolo desde arriba y música celestial de fondo. Era mi salvador. ¡Qué difícil es ponerte la epidural entre contracción y contracción! Pero vaya recompensa, qué alivio, qué paz, qué relajación… Tanto que me medio-dormí y todo. Sobre las 21 h vino el ginecólogo, me dijo un poco sorprendido que había ido todo muy rápido, que se cambiaba y me pasaban a quirófano. El momento se acercaba…

Recuerdo que antes de entrar a quirófano sólo pensaba en si me dolería mucho, no sabía si podría aguantar el dolor cuando saliera el bebé… Nada más lejos de la realidad: los problemas que tuve para poder apretar con sensibilidad cero de cintura para abajo. Como al tercer pujo, el ginecólogo me dijo que esa tenía que ser la definitiva, las aguas estaban sucias y no podíamos esperar más a que naciera Gerard. Así que me agarré con todas mis fuerzas a los hierros del potro y como pude apreté y apreté, y finalmente nació mi bebé. Precioso, chiquitín e igual que su hermano cuando nació.

¡¡¡¡Lo había conseguido, había podido tener un parto vaginal y mi pequeño ya estaba aquí!!!! 

Cuando me lo enseñaron quise tocarlo, pero no me dejaron, tenían que hacerle aspiraciones debido a que las aguas eran turbias (Gerard venía con una vuelta de cordón, y eso era lo que provocó el sufrimiento fetal). Así que esperé todo lo pacientemente que pude a que lo trajeran de vuelta para poder abrazarlo y besarlo. Pero cuando el ginecólogo me estaba acabando de suturar ( 7 puntos externos y 4 internos son mis heridas de guerra), le pidió a la enfermera que se lo llevasen a que lo revisaran con más detenimiento porque no acababa de respirar bien. Y así fue como, igual que con su hermano, nos perdimos las tan preciosas primeras horas de contacto piel con piel de una mamá  y su bebé. Nos lo trajeron 2 horas después, le había hecho más aspiraciones y habían estado observándolo. Por suerte, estaba perfecto. Ahora sí que era nuestro momento, ahora sí que podíamos estar todo el rato juntitos sin interrupciones. Y así pasamos  la primera noche juntos, abrazaditos, lo que sería el preludio de las futuras noches que vinieron y todavía compartimos. Solos él y yo en la oscuridad de la noche, escuchando sólo la respiración el uno del otro, sintiendo esos grandes ojos curiosos que me miran en la oscuridad, construyendo recuerdos y una vida juntos…

Como os dije, el segundo parto de Vanessa fue muy distinto al primero, en e cual también fue ¡muy muy valiente!

¡Aquí os dejo una foto de Gerard en su primer añito!

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Paula

{ VANESSA } ··· Primer parto Cesarea, el ginecólogo decía: ‘mira como se revuelve, no quiere salir’…Cuándo Pol todavía estaba en mi barriga.

Hace un par de meses largos… Vanessa y su familia vinieron a verme e hicimos una sesión preciosa de los cuatro, inclusive el SmashCake de Gerard el pequeñín, ¡¡que ya cumplía su primer añito!!

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En una de estas, en plan “confi” le pregunté a Vanessa si le haría gracia relatar sus partos, tanto el de Pol como el de Gerard. Y finalmente se decidió, unas semanitas después me llegó un e-mail suyo relatando los dos partos, muy distintos. Dos experiencias muy dispares, la primera sobrecogedora. Yo hoy al releerlo me he quedado muda, con un nudo en la garganta y con los ojos húmedos…

Aquí tenéis el parto de Pol:

Cuando Paula me propuso relatar mi vivencia con mis dos partos, pensé que era una locura para alguien como yo, tan reservada con sus sentimientos. Pensé: ‘buff, plasmar tantas emociones en un papel y que todo el mundo pueda leerlas: No, ni loca!!!’. Pero luego, más tarde, recapacité, tenía que ser cosa del destino: justo iba a hacer cinco años de primer parto, y uno del segundo, y nunca antes había escrito sobre las dos experiencias más fuertes de mi vida. Quizás ahora era el momento, además se lo debía a mis peques, quiero que sea mi legado, que cuando sean mayores lo puedan leer y saber lo que sintió su mamá en los dos días más felices de su vida. Además, pienso que podrá ayudar a otras mamás que, después de una cesárea, más o menos justificada como en mi caso, sepan que pueden conseguir un parto vaginal, que SÍ SE PUEDE.

Pol nació un precioso 18 de Octubre del 2010. El jueves de antes en la consulta del ginecólogo, éste nos informó que me programaba el parto para el próximo lunes. Justo ese día cumplía 37 semanas y no quería esperar más: las semanas 35 y 36 estuve ingresada en el hospital por preeclampsia , mi tensión se disparó y la albúmina dio positivo, por lo que tuve que estar en el hospital para que me controlaran. Tengo el convencimiento, y sé que no me equivoco, que fue un tema psicológico , más que físico lo que hacía subir mi tensión: ya desde la primera revisión del embarazo iba convencida que me iban a decir que algo no marchaba bien, una muy mala experiencia de un familiar muy cercano me hizo obsesionarme con ese tema. A esto se unió un duro golpe en mi vida: mi abuela, a la que quería con toda mi alma se fue a poco menos de dos semanas de conocer a su primer bisnieto, y además, vivía a 800 km, por lo que no pude ir a despedirme… Todo esto hizo que mi tensión se pusiera por las nubes…

El jueves previo al parto, el ginecólogo ya nos había advertido que al ser un parto programado justo cuando el embarazo llegaba a término, había una probabilidad alta de que acabara en cesárea, ya que Pol, muy seguramente, no empujaría para nacer.

Al llegar al hospital, recibí mi primera dosis de oxitocina (qué miedo! Siempre había leído que las contracciones con oxitocina eran muy, muy dolorosas…). Después de esto, sucedió uno de los momento más desagradables del parto, la comadrona vino a romperme la bolsa, pero de un modo que a mí me pareció igual a cuando van a clavar las banderillas a un toro: en una mano una especie de imperdible, y en la otra, algo parecido a una aguja de hacer punto de plástico. Como comprenderéis, yo contraje hasta las anginas!!!! Cosa que no le gustó mucho a la comadrona, no hacía más que decirme: ‘Cariño, relaja, si no, va a ser imposible romperte la bolsa’. Pero qué va, no había manera… yo seguía con las anginas contraídas… Entonces, para acabarlo de arreglar, decidió que necesitaba un enema y un relajante muscular y para ‘tranquilizarme’ me dijo: ‘ no te preocupes si ves borroso, el relajante muscular hace dilatar también las pupilas’. ¡Ay Dios mío! Lo que me faltaba , si ya no era suficiente con que me quisiera romper la bolsa con semejante instrumental (que seguro que es el habitual, pero a mí me pareció sacado de la casa de los horrores), encima me decía que podría ver borroso, ¡¡¡¡¡borroso!!!!! Imaginaos que después de 9 meses imaginándote cómo será tu bebé, cómo será su carita, sus ojos, su pelo… te dicen que puede que no lo veas bien, que sólo verás un bulto… No sabía que hacer, si ponerme a llorar, o darle con algo en la cabeza… Finalmente, el relajante muscular no funcionó bien, y no, no se me dilataron las pupilas, pero tampoco me pudieron romper la bolsa (yo seguía con mis anginas contraídas), por lo que la comadrona se fue resignada a llamar al ginecólogo. Desde la camilla la escuchaba como le explicaba, un podo indignada, que el relajante no había funcionado y que la oxitocina tampoco, no había dilatado nada, no había tenido ni una sola contracción… En ese momento, el ginecólogo decidió que finalmente haría una cesárea, uff que bajón!!! Mi parto soñado, mi marido viendo nacer a nuestro primer hijo, el piel con piel…todo se había desvanecido en un momento… Pero siempre me quedará la espina de porqué no lo intentaron más, sólo llevaba poco más de una hora con la oxitocina, era mi primer parto, era normal que fuera lento… pero por más que protesté, la decisión estaba tomada…

Me acabaron de preparar, mi marido se tuvo que marchar (en el 2010 en el hospital donde nació Pol no dejaban entrar a los papás a las cesáreas), y me entraron a quirófano. Qué frío hacía allí!!! Qué ambiente más raro para recibir una nueva vida, que diferente era todo a como lo había imaginado… La verdad, es que fue todo muy rápido, me pusieron la epidural y seguidamente empezaron la intervención, y a las 14:19h mi pequeño, mi muñeco, mi amor, mi rey, mi todo venía a este mundo. Siempre recordaré que para él no era su momento, él todavía no quería nacer, recuerdo como el ginecólogo le decía a una enfermera cuándo Pol todavía estaba en mi barriga: ‘mira como se revuelve, no quiere salir’. Nunca se lo he dicho, nunca lo he escrito antes, pero, si algún día lees este relato, me gustaría que me perdonases por no dejarte decidir cuando tenías que nacer, tú estabas tan bien, y te sacaron para estar cuatro horas separado de mí, mientras yo estaba en la sala de reanimación, y tú en la nursery tan solito…

¿Me diréis que no emotivo a la par que desgarrador? Nadie se merece un parto de este modo, ni una bienvenida así al mundo. Las heridas se curan con el tiempo, aunque hay algunas que tardan mucho en sanar. Vanessa fue muy valiente, pero con el segundo… ¡Nada fue igual!

Este jueves, os dejaré leer el segundo parto, ¡¡el de Gerard!!

Paula

PD: a mi también me costó arrancar con el Blog, con historias y detalles tan personales, pero la verdad es que solo de pensar que a alguna os pudiera servir mi experiencia o mis errores, se me quitaban los pelillos de la lengua. La experiencia es un grado y si en tu entorno nadie te la cuenta, puedes encontrar muchísima info de todo tipo aquí, ¡Dentro de éste mar de mami-bloggers que estamos dispuestas a sacarte de dudas!

{ MamiFit ha sido mi salvación } ¡¡Después de 6 días ya me estoy poniendo en forma!!

¿ACABAS DE TENER A TU BEBÉ? ¡¡TE INTERESA!!

¿ESTÁS EMBARAZADA? ¡¡ TE SÚPER-INTERESA ESTE POST!!

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Con Martina me costó mucho tiempo, casi 5-6 meses, en encontrar un hueco para ponerme en forma… Empezar de nuevo las rutinas en un gimnasio, dejarla con las abuelas, seguir el ritmo, no decaer y ser constante cuando no tienes apoyo no es tarea fácil. ¡Pero ésta vez todo ha sido distinto!

Ya embarazada de Carlota me enteré de que existía MAMIFIT, ¿Qué es? MamiFit es una nueva manera de ponerte en forma, son 2 entrenadoras y además puedes ir con tu bebé (punto importantíiiiiiisimo). Las clases de MamiFit son muy (MUY) cañeras, algunas al aire libre, yo por ejemplo, asisto dos veces por semana a las clases en el parque, ¡¡y es una pasada!!

Cuando te ves inmersa en la maternidad, sin tiempo para nada, ni para ti misma, y con un cuerpo que “no es el tuyo”, pero no puedes o no quieres dejar a tu bebé con nadie, tu mundo se va haciendo pequeñito, tú y tu bebé. Llega ese momento en que necesitas conocer a más mamas en tu situación y compartir este momento tan maravilloso, también los aspectos duros de la maternidad como el parto, la lactancia, la soledad, el sueño…  Sobre las 4-6 semans de tu bebé ya te encuentras un poco mejor y necesitas salir al parque a andar, pasear, respirar hondo… a la par ves que necesitas cuidarte un poco, volver a ser la que eras, al menos físicamente. ¡¡¡En ese momento yo empecé a ir a MamiFit!!!

La primera clase fue estupenda, yo no daba crédito. ¡¡Éramos unas 15 mamás y 15 bebés!! Plantamos las mantas de pic-nic en el césped del Parc Central de Sant Cugat del Vallès (a la altura del restaurante Sugoi), dejamos a los bebés en las mantitas o en el carrito, siempre a nuestro lado y empezó la clase. Marta, la entrenadora que viene a Sant Cugat se lo toma en serio, allí vamos a aprovechar el tiempo. Las sesiones constan de unos 20min de abdominales hipopresivos y otros 20min de ejercicios de tonificación y un poco de cardio. Todos los ejercicios son aptos para PRE-PARTO y POS-PARTO. Marta los va adaptando a cada una de nosotras, según haga más o menos tiempo de nuestro parto, según tu suelo pélvico esté mejor o peor… Y si estás embarazada también te los adapta 🙂 Además el precio es súper asequible y ¡¡solamente pagas las clases a las que puedes ir!!

Es muy divertido poder encontrarte con más mamás en un parque, con nuestros bebés, hacer ejercicio, sentirte sana y en forma. ¿Qué más se puede pedir? Yo creo que las mamis necesitamos éste tipo de relaciones después de parir. Sentirte bien y en una tribu sana. ¡¡Y Marta nos cuida a todas un montón!! Ella fue mamá hace poco más de un año y medio, y entiende perfectamente en que fase estamos cada una de nosotras. ¡Es uno de sus puntos fuertes!

Además tengo otras cosas que explicarte, porque realmente súper interesante lo que hacen Marta y María (las dos entrenadoras), por ejemplo, que en Sant Cugat los viernes por la tarde hacen clase para Embarazdas en el Agua y ¡¡después de Semana Santa empezarán las clases de Mami&Bebé en el agua también!! Yo igual me apunto a estas con Carlota, me parece realmente interesante poder compartir un ratito con tu bebé en el agua, es como muy especial, ¿no?

Y como punto culminante… he empezado una dieta súper chula con MamiFit, en realidad es un Programa de Hábitos Saludables, una dieta muy natural, sin pasar hambre, que la pueden hacer embarazadas, mamis que lactan a sus bebés… ¡¡Marta y María tienen la llave del éxito!! Yo he bajado varios kilos en 15 días, lo mejor es que es una dieta muuuy natural y como os he dicho no se pasa hambre, pensad que yo aun lacto a Carlota 😉

¡¡Empezarán este Programa de Hábitos Saludabes de nuevo después de Semana Santa!!  {Dieta Sana & Ejercicios} ¡¡yo me apunto de nuevo seguro!!

Y por último, el otro día después de clase una mami le preguntó a Marta si podían crear un nuevo grupo entre ella y sus amigas, y Marta nos explicó que si montamos un grupito guay, ella nos puede hacer el entrenamiento!! Y además es Personal Trainer, así que si quieres que venga a tu casa, ¡¡es posible!!

Yo me lo paso súper bien, y sus iniciativas son de lo mejor para mamis, ¡¡así que espero veros pronto!!

¡¡¡Esa operación bikini!!!

Marta la podéis contactar por aquí:

Tel: 661870450 / mail: marta@mamifit.es / FACEBOOK: https://www.facebook.com/MAMIfit.santcugat

Licenciada en INEFC especializada en ejercicio PRE y POS PARTO

Directora de MamiFit Sabadell-Sant Cugat

HAY CLASES DE MAMIFIT EN: SANT CUGAT DEL VALLÈS, SABADELL, SANT QUIRZE Y SANTA PERPETUA DE MOGODA