La felicidad del caos

Tener un hijo es lo más bonito que te puede pasar en la vida. Esta pequeña personita inunda tu casa de alegría y felicidad revolucionando cada rincón de tu hogar. Tú que tenías todo recogido, limpio y cada cosa en su lugar, ahora tienes que aceptar ese caos que se ha adueñado de tu dulce morada.

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Con la recién estrenada maternidad, se acumulan las cosas por hacer. Estas agotada de todo el esfuerzo y debes descansar cuando tu bebé descansa. Así que a menos que tu pareja te ayude, se acumulan los platos, el polvo y ni haces la cama.

Pasados los primeros meses de adaptación, ya más descansada y recuperada la situación no varía mucho. Tenemos que reconocer que no somos super mamás y que mientras tu retoño duerme no te da tiempo a todo lo que conlleva llevar una casa. A esto le sumamos todos los accesorios de tu baby: carrito, hamaca, cambiador, minicuna, trona…y suma y sigue. El día menos pensado tenemos que salir de casa para meter las cosas.

Empezamos con las papillas y con ellas las manchas en el suelo, las sillas y allí donde pille. Para ensuciar menos, nosotros empezamos en la cocina pero por problemas de logística (mi principito siempre tuvo que comer entretenido) terminamos en el salón-comedor. Y os confieso que al principio me agobiaba un poco ya que era raro que durante una comida mi bebé no estornudara y lanzara toda la papilla volando con las consecuentes manchas en muebles, suelo y ropa. Por mucho que quisiera, entre papillas y juguetes desperdigados por el comedor, siempre terminaba teniendo que dar explicaciones a las visitas inesperadas.

Va pasando el tiempo y la felicidad va creciendo de forma proporcional al caos. Tu peque empieza a gatear y a descubrir cajones que son más interesantes que todos esos juguetes que tiene en su alfombra que le has colocado. Así pues además de tener los juguetes repartidos por todo el comedor tienes toda tu ropa interior por toda la casa. No te da tiempo a guardar, cuando tu bomboncito ya esta explorando los armarios del baño, y en un rato tienes la casa patas arriba.

Pones seguridad a los armarios y cajones pero da lo mismo, él se las ingenia para sacar aquello que no esperabas. Ya tienes más tiempo para limpiar pero también muchas más cosas que recoger. Y aunque parezca mentira ver todo ese caos te produce una felicidad enorme. Después de la travesura de turno y tu qué has hecho?, tu miniyo te mira y te sonríe y ya no eres capaz de nada más. Se te cae la baba y no hay quien te quite la sonrisa de la cara.

Después de año y medio tuvimos mi marido y yo una idea brillante, creamos una habitación multiusos. Cuatro paredes en las que hacemos lo que queremos sin importar si se ensucia o se desordena, en las que nos sentimos a gusto los tres sin miedo a que nada se rompa o estropee.

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Todos tenemos lo que necesitamos: mi marido, su ordenador para poder trabajar mientras disfruta de nuestra compañía; mi retoño, todos sus juguetes con una amplia alfombra para jugar y revolcarse con nosotros; y yo, mis libros, mi televisión y mi sofá. Todos contentos y felices en medio de ese caos. Y para las visitas… El salón-comedor, impoluto aguardando lo inesperado.

Bea

Mamis 2.0

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