Cuando aparecen las temidas grietas en el pezón

Siempre repiten hasta la saciedad que cada embarazo, cada parto, y cada bebe es un mundo. Y cuanta razón tienen. Erik fue mi tercer hijo.. Con la primera solo puede dar el pecho un mes, con el segundo tuve una lactancia maravillosa y claro, pensé que esta vez todo iría sobre ruedas.

El parto de Erik fué muy complicado y tuve que estar en la UCI varios días, puedes leerlo aquí. Nuestra lactancia comenzó en la UCI mientras estaba rodeada de cables, tubos y vías. En seguida noté que algo no andaba bien, sentía que el bebe me mordía.

nariz-boca-pezon

Pensé que era porque la postura era muy forzada, pero cuando por fin me bajaron a planta la cosa no mejoraba. Me recomendaron comprar la crema Purelan, que es una especie de cera que te pones en el pezón para que esté hidratado. Consecuencia, el pezón estaba reblandecido y cada vez que daba de mamar a Erik se me iba deshaciendo poco a poco.

Además del dolor, cada vez que Erik mamaba me sangraba mucho el pezón, ya que me estaban poniendo heparina por todas las complicaciones que había tenido. Cuando el niño mamaba se tragaba la sangre de mi pezón y eso hacía que le irritara el estómago y acababa vomitando sangre. La primera vez que le pasó casi me da un infarto. Después de todo lo mal que lo habíamos pasado, estábamos viviendo en  un infierno.

En este estado de desesperación llegué a mi casa cuando nos dieron el alta. Tenía el pezón con unas grietas bastante profundas, usaba pezonera y cada vez que le tocaba mamar a Erik pensaba, “que viene la piraña”. Se que podría haberlo dejado, pero cuando Erik nació pasaron 14 horas hasta que pude tenerle en mis brazos. Quería ofrecerle a mi hijo el pecho para poder compensarle por esas horas sin mi , y también porque sentía que a mi  también me ayudaría a olvidar todo aquello.

Y cuando todo parecía ir en nuestra contra y estábamos a punto de tirar la toalla, aparecieron dos ángeles que nos salvaron la lactancia. Nunca pensé que necesitaría ayuda de las asesoras de lactancia, pensaba que por mi experiencia, porque era el tercero, me bastaba y me sobraba.

Ana era una Doula y Jessica una matrona expertas en lactancia materna. Llegaron a mi casa y todo se inundó de tranquilidad y de luz. No se como explicarlo, pero me tranquilizaron, llenaron todo con su tranquilidad, con su saber y sentí que todo saldría bien.

Lo primero que hicieron fue mirar a Erik, ver como mamaba, como movía la lengua y descartar que tuviera un frenillo que le impidiera colocar la lengua correctamente.  En seguida vieron que tenía la mandíbula en retrognata, que significa que la tiene un poco hacia dentro, por lo que en lugar de absorber el pezón lo mordía.

¡Ya teníamos un diagnóstico! y además según me explicaron era cuestión de tiempo, a medida que fuera creciendo la barbilla iría saliendo hacia fuera. Pero mientras sucedía ¿qué podría hacer para mejorar la situación? Me hicieron darle de mamar y de nuevo el inmenso dolor y las lágrimas de desesperación.

Primero empezamos a probar posturas para darle el pecho. Parecía el kamasutra de la teta. Niño para arriba, niño para abajo. Como tenía muchos puntos y estaba muy débil y dolorida la cosa no era fácil.  Para curar las grietas de los pezones lo único que se necesita es tiempo, dejar el pecho al aire todo el día para que vaya cicatrizando y corregir la postura.

Las grietas son la causa más frecuente de abandonar la lactancia, y de corazón os digo que lo comprendo. Porque te sientes desesperada, quieres dar de mamar a tu hijo y el dolor que sientes es tan horrible que te hace gritar y llorar.  Por eso no hay que esperar a que la grieta se produzca, si desde el principio, las primeras veces que le das de mamar al bebe sientes dolor, para. Algo no estás haciendo bien.

En mi caso la grietas estaban en la mitad superior del pezón, que suele ser la parte más frecuente. Se trataba de buscar una postura que aliviara esa zona para dejar que cicatrizara. Después de probar varias posturas me quedé con la postura en rugby, que consiste en que la mama esté sentada, apoyada con la espalda recta. Colocamos al bebe sobre un cojín o almohada a nuestro lado, boca arriba. Pasamos el brazo por su espalda y llevamos su cabeza hacia nuestro pezón.

LACTANCIA-POSICION-RUGBY-2

La otra postura que me aliviaba muchísimo era tumbada en la cama, de lado y el niño en posición invertida. Es decir con su cabeza hacia tus pies y sus pies hacia tu cabeza. Esta postura consiguió que en solo dos días, la grieta cicatrizará y dejé de sangrar. Ya que la presión la hace en la parte media inferior del pezón.

amamantar-inversoPor eso es tan importante contar con una asesora de lactancia, porque ellas están formadas en técnicas que nosotras desconocemos. Y si todo va bien no hace falta hacer todo esto, pero cuando las cosas se tuercen ellas tienen las técnicas para ayudarnos a superarlo.

Y como truco final, la técnica que salvo mi lactancia, algo que yo llamé “el empujón”. Una vez que tienes colocado al niño en la posición que vas a darle el pecho, se trata de primero apoyar tu pezón en su nariz para que abra bien la boca y luego rapidamente mientras le metes el pezón en la boca, con la otra mano apoyada por debajo de sus cervicales, en la parte alta de la espalda, le empujas hacia tu pecho. Con esta maniobra al empujarle desde la parte alta de la espalda, consigues que su cuello se vaya un poco hacia atrás arqueándolo y abre más la boca. Tienes que conseguir que esté completamente pegado a ti.

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La primera vez que vi como empujaban al bebe hacia mi pecho, pensé en los jugadores de rugby. Pero enseguida me di cuenta de lo que aliviaba el dolor y lo agusto que el niño mamaba. A si que la

puse en practica. Cogía aire, ponía el pezón en la nariz del niño y cuando abría bien la boca le decía, que viene el empujón y lo pegaba a mi.

Os puedo decir que después de la visita de las asesoras me sentí tan segura que al día siguiente me quité la pezonera. En mi caso la pezonera se llenaba de líquido y se movía cuando el niño le daba con la lengua. Por lo que me hacía más mal que bien. Psicológicamente me hacía pensar que me ayudaba a que me doliera menos. Pero con las dos posturas y “el empujón” deje de sentir miedo.

Dos meses y medio después seguimos disfrutando de la lactancia de una forma placentera. Sin mis asesoras de lactancia me hubiera rendido y además me habría sentido fatal. Si tienes un problema, no lo dudes, busca en tu ciudad y ponte en contacto con tus asesoras más cercanas.

María.

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