Cuando un parto pone en peligro tu vida. (Con final feliz)

He pensado mucho sobre sí escribir sobre mi parto. Creo que puede ayudar a alguna mama que haya pasado o vaya a pasar por algo similar. Aunque las probabilidades de que te pase son muy bajas, creo que una de cada trescientas mil. Aún así, si estas embarazada y eres una persona sensible, quizá no deberías leerlo.

Cuando imaginas como será tu parto, nunca piensas en que te llevará tan cerca de la muerte. Era mi tercer embarazo y con toda probabilidad el último, así que me imaginaba un parto fácil, más o menos rápido y lo más natural posible.

lacuentaatrás

Los últimos meses fueron bastante duros. Me diagnosticaron de polihidramnios, que es un aumento en la cantidad de líquido amniótico. Mi hijo estaba en el percentil 97, y me repetían que era muy grande, si añadimos todo el líquido que tenía de más, el último mes de embarazo la gente me preguntaba si esperaba gemelos.

No me preocupaba, mi segundo hijo pesó 4,100 al nacer y aunque me costó un desgarro grado III, pensaba que este saldría como en un tobogán. Total, el sitio estaba hecho.

Cuando pase de la semana 40 de embarazo decidieron provocármelo para no esperar más. Como ya estaba de tres centímetros de dilatación me dijeron que podía ser fácil. Nos citaron a las once de la mañana en el hospital de Torrejón de Ardoz, en Madrid.

Nos pasaron a una sala donde haría la dilatación y tendría a mi hijo. Era una sala enorme, con cuarto de baño, un equipo para poner música y mucha luz. Me rompieron la bolsa y sentí un gran alivio, ya que de tanto líquido que tenía me costaba respirar los últimos días.  Al rato comenzaron a ponerme óxitocina en dosis muy bajas para provocarme el parto.

Durante las siguientes horas todo fue muy bien, paseaba por la habitación, bebía aquarius y de vez en cuando me comía un emanems. Bromeaba con mi marido, y le decía que esto ni era un parto ni era nada. Así seguí hasta que las contracciones se fueron haciendo más dolorosas.

hospital de torrejón

Cuando llegue a los ocho centímetros de dilatación, comenzó a dolerme mucho el lado izquierdo a la altura del ovario. De pronto tuve una contracción muy fuerte de dolor que no bajaba y se mantenía en el tiempo. El corazón del niño comenzó a bajar su frecuencia y las matronas me pedían que me moviera hacia un lado o hacia el otro, pero la contracción no bajaba.

Y ahí se acabó mi parto natural, porque de nueve centímetros y con esa contracción que no bajaba, pedí que me pusieran la epidural. Esos momentos en que tienes que sentarte al borde de la camilla, arquear la espalda y aguantar el intenso dolor, mientras la anestesista te dice no te muevas y aguanta, son de lo peor que recuerdo. Total, para nada porque la epidural no me hacia efecto. Al rato subió para volver a pincharme y probar de nuevo, pero por los motivos que fuera yo seguía sintiendo el dolor.

Llevaba más de doce horas y empezaba a estar agotada, casi al borde del desmayo. La matrona me dijo, Maria, tienes que empujar, no podemos hacer otra cosa.  Subió la barra de la cama de partos y colgó una sábana de ella como si fuera una cuerda, así podía agarrarme y empujar con más fuerza. No recuerdo cuanto tiempo estuve, diría que una hora, pero el niño tenía la cabeza un poco ladeada y no salía.

Al final entraron los ginecólogos y con ayuda de una mini ventosa en varios empujones conseguimos sacarlo. Recuerdo que me lo pusieron encima, era muy largo, 54 centímetros y algo más de cuatro kilos. En ese momento ya se me estaba olvidando todo lo que había pasado, sólo con tenerle encima.

Pero algo pasaba, los ginecólogos estaban muy serios. Tenía una hemorragia y el útero no volvía a contraerse. Comenzaron ha hacerme un masaje con el puño por todo el abdomen para intentar que se frenará la hemorragia. Dolía y mucho, pero seguía teniendo a mi pequeño encima, así que no quería que el primer recuerdo que tuviera de mi fuera gritando.

El masaje duro media hora, y cada vez se ponían más serios. Nos dijeron que me tenían que llevar a quirófano para intentar parar la hemorragia, sino podían  tendrían que quitarme el útero. Recuerdo especialmente el momento en que me quitaron a mi hijo para dárselo a su padre y se puso a llorar. Me dio mucha pena escucharlo y pensar que nos iban a separar durante el tiempo que debíamos de estar aprendiendo a conocernos.

Cuando me llevaron camino a  quirófano en la camilla, todo el  personal comenzó a correr, así que imagine que la cosa se estaba poniendo bastante  seria.  Al llegar a quirófano , yo seguía consciente, pero ya notaba como poco a poco me iba, estaba cada vez más y más cansada.

Estuve cuatro o cinco horas en quirófano, al final después de hacer todo lo posible, me quitaron el útero por una atonía uterina, complicada con una hemorragia y una coagulopatía. Me pusieron diez bolsas de sangre y otras cuatro en los siguientes días. Mi marido estuvo 13 horas en una habitación, con nuestro hijo, sin saber nada salvo que estaba muy critica.

 

Lo siguiente que recuerdo es que me desperté en la UCI, estaba entubada, con sonda y vía central, dos vías arteriales y otras tantas venosas. Pero estaba viva. Me desperté a la una y media del medio día y a las cinco de la tarde pudo subir mi marido con nuestro hijo. El tiempo que tarde en ver a mi pequeño, me prepare mentalmente por sí sentía algún rechazo, después de lo complicado que había sido el parto. Pero en cuanto los vi pensé en que volvería a pasar por lo mismo mil veces, aunque al final hubiera salido mal para mi, sólo por ver esos ojos buscándome, sólo por sentir sus manitas, su calor, su olor. Gracias al personal de la UCI y a las matronas, mi marido podía subirme al niño para darle el pecho.

Parecerá una tontería, pero estuve trece horas lejos de mi hijo, y sentía que el poder darle el pecho me reconciliaba con el y con esas primeras horas que perdimos, se que fué para bien, pero a veces cuando le veo la carita de cabreado pienso, claro, está enfadado porque nos separaron.

A los dos días me bajaron a planta y ocho dias después de que naciera mi hijo estaba en casa. Aquello no fue el final, más bien ha sido un principio. Me espera por delante una larga recuperación. Aún estoy muy cansada, tengo las plaquetas muy bajas y todo supone un esfuerzo. Los primeros días de estar en casa, el hecho de hablar por teléfono o subir la escalera me fatigaba. Los dolores fueron bastante intensos, alguna vez pensé que no podría soportarlo y me desesperaba. Luego veía a mi familia, mi marido, mis hijos y pensaba un día más para que pase todo.

erik

Todavía  me queda por delante un montón de pruebas, para ver si han quedado secuelas, si hay algún órgano descolocado y que mi cuerpo vaya remontando poco a poco.  Tendré que hacer fisioterapia y visitaré el hospital con más frecuencia de la que me gustaría. Soy un culo inquieto, asi que para mi, tener que estar en reposo supone un desafío a mi paciencia.

Vivir esta experiencia me ha aportado muchas cosas. De repente mi vida se ha llenado de instantes, de la primera vez. La primera vez que dormí en mi cama abrazada a mi marido. La primera vez que pude darme una ducha yo sola. La primera vez que pude volver a ponerme mi ropa. Pequeñas cosas que te das cuenta de lo importantes que son. Porque cuando estas grave no piensas en hacer grandes cosas, sino en hacer cosas normales, en cocinar para disfrutar de un plato, en salir a cenar con amigos, en llevar al parque a tus hijos. Todas esas pequeñas cosas que valoras cuando sientes que las puedes perder.

También me ha hecho sentir una inmensa gratitud.  Hacia  todo el personal del hospital de Torrejón que me hicieron sentir muy cuidada. Matronas, personal de planta, doctores,  porque gracias a ellos estoy viva.  Durante el tiempo que estuve ingresada nos facilitaron todo muchísimo, y ahí te das cuenta de la importancia que tiene que uno ame su trabajo. Ojalá todas las mamis pudieran ser atendidas por un personal asi de competente, que siempre tiene una sonrisa, unas palabras amables, sea la hora que sea.

El equipo de matronas del hospital de Torrejón, tiene una visión del parto maravillosa, donde más que asistirte, te acompañan, se transforman en esa amiga que conoces de toda la vida, a pesar de que nunca las habías visto antes. Te hacen sentir especial, te ayudan, te sostienen cuando ya no puedes más, y sufren contigo, cercanas, siempre intentando estar en un plano discreto, pero haciéndote sentir que están muy cerca. Solo tengo buenas palabras para ellas y una inmensa gratitud hacia la matrona que me acompañó durante toda el día, (siento no recordad tu nombre) y a Raquel, que se llevó la parte más dura y que luego supo consolar y apoyar tanto a mi marido.

Una de las cosas que más me ha impactado, fue cuando una doctora  me fue a visitar cuando estaba en la planta. Nada más verme se la iluminó la cara y me dijo que se alegraba mucho de verme así. Ella había estado en quirófano sujetándome con su puño la hemorragia durante una hora hasta que empece a coagular y empezó a remitir la hemorragia. No se rindió, no dejó de apretar y luchó por mi vida. Me impactó mucho oirla contarlo, mientras me miraba a los ojos.

También me he sentido muy querida por toda la gente que ha estado pendiente de mi, gente que han rezado, que han pensado en mi y que me ha enviado su energía. Y a mis mamis, que han vuelto a ser una piña y han vuelto a demostrar que somos mucho más que un grupo de mamás de Facebook, que cuando hace falta nos volvemos una sola.

Soy también afortunada porque gracias a que catorce personas dieron su sangre altruistamente  puedo estar aquí contándolo.

Y a mi marido, que lo ha vivido todo desde la impotencia de saber que no podía hacer nada, más que hacer de padre canguro y cuidar por mi de nuestro hijo.

Así qué creo que esta es una historia de vida, porque si tanta gente ha luchado por tu vida, no tienes más remedio que vivir por todo esa gente y disfrutar de la vida como merece, agradeciendo las pequeñas cosas del día a día, intentando devolver por el camino un poco de toda esa vida que otros me han dado.  A veces estamos tan preocupados por miles de tonterías que nos olvidamos de lo más importante, el tiempo. Tiempo para estar con los que quieres, tiempo para disfrutar de cosas sencillas, tiempo para reír, para amar, para soñar…

Yo decidí que esto no sería un trauma, sino una lección de vida, un volver a nacer con una nueva  oportunidad de vivir como yo quiera. Así que cada año, cuando llegue el cumpleaños de mi hijo sentiré que también es mi cumpleaños, porque yo aquel día, también volví a nacer.

María

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6 comentarios en “Cuando un parto pone en peligro tu vida. (Con final feliz)

  1. Grandes personas, merecen grandes finales! Siento mucho que hayas tenido que pasar por tanto dolor. Un besazo bien grande, aunque últimamente no hablemos, estás en mi corazón! L.v.g.

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  2. María, me has emocionado!!!, menuda llorera me he dado. Ya pasó y como bien dices con final feliz, tienes muchas cosas por las que mirar hacía delante, eres una luchadora desde que eras una niña. Un besazo y tenemos que vernos pronto para poder darte un achuchon

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  3. oh Maria!!! Recordar aquello es una locura, y leerte y saber lo q realmente paso cuando estábamos con esa incertidumbre…. solo decirte. Gracias por quedarte

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  4. Madre mía, buscando en google di con este relato, y es q en abril del 2013 pase por lo mismo, en ese mismo hospital. La diferencia es q me salvaron el útero y ahora estoy de 38 semanas y muy asustada por volver a pasar lo mismo, aunque… espero ni tener tantaaaa mala suerte dos veces!! Me ha encantado leerte me he sentido tan identificada… y me alegro mucho de que estéis todos bien, eres una campeona!!

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