El novio de mi hija

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La primera vez que mi hija me dijo que le gustaba un niño acababa de cumplir tres años e iba al jardín de infancia. Ese día me miró con su inocente mirada y su carita de ángel y me dijo:
– Mamá me gusta Toni- A mí se me paró el corazón mientras la miraba con curiosidad.
-¿Cómo hija?- contesté- ¿Quieres decir que te gusta jugar con él.
– No mamá, es que me gusta – Pensándolo un poco me di cuenta que la niña no tenía mal ojo, se había escogido al más guapo de la clase.
– ¿Y no prefieres a Ian o Luís? Que se ven tan buenos y simpáticos– Vamos, lo que toda madre quiere.
-No mamá, me gusta Toni.
Ahí dejé la conversación y seguimos caminando mientras mi cabeza seguía pensando, ¿Pero esto será normal? ¿Es que empiezan tan jóvenes? Nadie me había avisado.

Al día siguiente, a la salida de la guardería, me encontraba buscando entre la multitud a mi futura consuegra cuando decidí preguntarle a una mama con más experiencia que yo.
-Tranquila, es completamente normal – me dijo mientras sonreía mirando mi cara de preocupación- a las mías les pasó igual.
Cuando comprobé que mi hija no estaba entrando en la preadolescencia me quedé mucho más tranquila y decidí dejar de darle importancia al asunto.

Después de Toni han venido otros pretendientes. Bueno, pretendientes para mi hija porque he podido comprobar que ellos no están por estos asuntos que tienen a las niñas tan entretenidas. A mi hija y a sus amigas, que también tienen sus respectivos amores. Para mi tranquilidad, también he podido comprobar que no hay riñas; si a una amiga le gusta el mismo niño que a ella pues se cambia de niño y punto. Total, al muchacho en cuestión ni fu ni fa y a ellas no les importa que el novio sea uno u otro, están enamoradas del amor más que del pretendiente.

El caso es que a las mujeres, desde bien pequeñas,  nos venden un cuento de hadas del que después todos salimos perdiendo: ellos porque no son príncipes azules si no hombres de carne y hueso con sus virtudes y defectos y ellas, porque les han vendido un cuento que no es real. Pero, mientras dura, ¿quién tiene el valor de quitarles este sueño? Está en nosotras como madres y en ellos como padres hacerles ver que las personas somos perfectamente imperfectas: cometemos errores, tenemos días buenos y días malos, sentimientos buenos y sentimientos malos y siempre estamos aprendiendo pero, lo más importante, es que les queremos con locura.

BelénCoracoes

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