{ Rabietas infantiles }

 

índex

Cuando señorita hizo dos años yo estaba esperando que comenzaran  las rabietas infantiles, tenía varias amigas con hijos mayores y ya habían pasado por eso, ellas me comentaban : “¡¡Uff, espera que haga los dos años y ya verás!! Se ponen insoportables.” Entre eso y que yo había leído varias cosas sobre el tema, la verdad es que tenía el miedo metido en el cuerpo. Pasaron los dos años y parecía que mi niña seguía igual, así que pensé que lo habíamos superado sin casi esfuerzo pero lo bueno empezó a los tres años.
La madurez no llega en el mismo momento para todos los niños y esa etapa hay que pasarla y entenderla, es necesaria porque necesitan ir formando su propia personalidad. Es el modo que tienen de decir que no y de fortalecer su individualidad, a esta edad ya entienden que son seres diferenciados de sus padres.
Señorita no hacía grandes pataletas ni rabietas que explotasen de golpe y acabasen de golpe, ella era más bien de empezar un quejido que no tenía fin y se alargaba y alargaba…. Y no sabías que hacer ni dónde meterte. Yo le preguntaba para intentar comprender su llanto pero ni hablarme podía la pobre, casi se enfadaba más y supongo que debía de pensar que no la entendía ni la madre que la había parido… Así que más se frustraba. Y ahí estaba su desesperación y la mía porque a esto de ser madre nadie te enseña y vas aprendiendo a fuerza de equivocarte.

Con el tiempo vi que cuando los horarios se relajaban era peor, bien porque tenía más hambre o porque estaba más cansada, lo mejor era no llevarla al límite y respetar sus horarios.

Si había algo que no ibas a dejarle hacer mejor no ponérselo delante de la cara, por ejemplo, si ese día no podíamos ir al parque intentar evitar pasar por delante.

Tomar aire e intentar tranquilizarme yo, si ella me veía muy nerviosa la cosa iba de mal en peor.

Paciencia, paciencia y más paciencia, esto de la paciencia lo practico mucho desde que soy mami. Hay que entender que es una etapa pasajera y que a todos los niños les llega y les pasa. Como decía mi abuela: “No hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante”.

Comprensión y respeto, ellos lo pasan mal porque no saben cómo finalizar ese mal rato y ese sentimiento de impotencia y frustración les desborda. Nosotros somos los adultos y debemos actuar con la madurez necesaria, sin ridiculizarlos, asustarlos o compararlos.
Poco a poco ellos van aprendiendo y van madurando, y es que esto de la inteligencia emocional no es tarea sencilla. Por suerte, hoy en día, se valoran los sentimientos y las emociones e intentamos reconocerlas y entenderlas, no es tarea fácil porque nuestra educación fue diferente pero el resultado merece la pena. Nuestros hijos se merecen que les escuchemos, les entendamos y les demos amor y compresión para que crezcan felices y con una buena autoestima.11

Con peque aún no hemos empezado esa etapa pero todo se andará, espero que esta vez me pille mejor preparada.
Belén

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